Desde el momento en que te conocí, supe que ibas a formar parte de mi vida. Me enamoré y, más que enamorarme, vi el propósito que Dios tenía con nosotros. De repente, te ganaste mi corazón. Por eso, no quiero prometer, sino comprometerme contigo a luchar en los momentos difíciles, a solucionar las diferencias cuando estas sean más visibles y a ser siempre tu compañera. Mirarte a los ojos y decirte que siempre estaré aquí para ti, para apoyarte y decirte que, si Dios está de nuestro lado, venceremos cada batalla. Espero que Dios sea siempre el centro de nuestra vida.
Eres mi complemento, eres la pieza que arma todo mi rompecabezas y prometo cuidarte y respetarte para la eternidad, prometo escucharte todos los días y hacerte sentir amada y valorada en cada momento, quiero ser tu compañero de batalla.